Durante el Medioevo se fueron conformando dos Cristiandades, con matices, expresiones litúrgicas, desarrollos doctrinales y formas políticas diferentes; no obstante durante casi en milenio mantuvieron la unidad. Lamentablemente, en el año 1054, se produjo la ruptura, el llamado Cisma de Oriente.
El primer antecedente del Cisma, fue la llamada "cuestión de Focio".
Resumen del conflicto:
Contexto: En 858, el patriarca Ignacio de Constantinopla fue depuesto por el emperador bizantino Miguel III por motivos políticos.
Nombramiento de Focio: Focio, un laico muy erudito, fue ordenado sacerdote y elevado a patriarca en apenas seis días, lo que muchos consideraron una irregularidad.
Reacción de Roma: El papa Nicolás I defendió a Ignacio y declaró inválida la elección de Focio, lo que llevó a tensiones entre ambas sedes.
Acusaciones doctrinales: Focio acusó a Roma de herejía por la inclusión del Filioque (“y del Hijo”) en el Credo, así como por otras prácticas latinas que los bizantinos veían como innovaciones.
Cisma: En 867, un sínodo en Constantinopla excomulgó al papa Nicolás I. Esto generó una ruptura formal (aunque no definitiva) entre Oriente y Occidente.
Final temporal: Con la caída de Miguel III, Focio fue depuesto y reemplazado por Ignacio, pero luego fue restaurado. El conflicto se resolvió oficialmente en el 879-880, aunque las heridas quedaron abiertas.
La ruptura definitiva
El Cisma de 1054 (también llamado Gran Cisma de Oriente y Occidente) fue el momento en que las Iglesias de Roma y Constantinopla rompieron oficialmente la comunión, aunque el distanciamiento llevaba siglos gestándose.
1. Tensiones antiguas
Idioma y cultura: Latín en Occidente, griego en Oriente. Las barreras culturales y teológicas se fueron agrandando.
Autoridad papal: Roma afirmaba una primacía con autoridad jurisdiccional universal; Constantinopla aceptaba solo una primacía de honor.
Diferencias litúrgicas y doctrinales:
Uso de pan ázimo en la Eucaristía (latinos) vs. pan fermentado (griegos).
El Filioque agregado en Occidente al Credo: “y del Hijo” en la procesión del Espíritu Santo, sin acuerdo de un concilio ecuménico.
2. La chispa inmediata (1053-1054)
Patriarca Miguel Cerulario (Constantinopla) cerró las iglesias latinas en su ciudad y criticó sus prácticas, acusándolas de herejía.
El papa León IX respondió con cartas duras defendiendo la primacía papal y las costumbres latinas.
3. La misión de Humberto de Silva Candida
En 1054, el papa envió al cardenal Humberto como legado a Constantinopla para negociar.
Humberto tenía un carácter rígido y no supo manejar las sutilezas diplomáticas orientales.
4. La ruptura formal
El 16 de julio de 1054, Humberto colocó en el altar de Santa Sofía una bula de excomunión contra el patriarca Miguel Cerulario y sus seguidores.
Cerulario respondió convocando a un sínodo que excomulgó a los legados papales (aunque técnicamente el papa ya había muerto semanas antes, por lo que la misión carecía de autoridad plena).
5. Consecuencias
Aunque en el momento no todos lo vieron como un cisma definitivo, las relaciones se enfriaron y las heridas no se cerraron.
La Cuarta Cruzada (1204) y el saqueo de Constantinopla sellaron la separación, que se mantiene hasta hoy entre católicos y ortodoxos.
Los intentos de unión
La Unión de Ferrara-Florencia fue un intento en el siglo XV de recomponer la comunión entre la Iglesia latina (Roma) y la Iglesia griega (Constantinopla) frente a la amenaza otomana.
Concilio de Ferrara (1438):
Iniciado en Ferrara, Italia, en enero de 1438.
Participaron delegaciones de Constantinopla: el emperador Juan VIII, el patriarca José II y muchos obispos griegos, además de representantes armenios, siríacos, y otros orientales.
El diálogo se centró en los temas doctrinales que habían separado a Oriente y Occidente:
1. Filioque (la procesión del Espíritu Santo).
2. Primacía del papa.
3. Purgatorio.
4. Uso de pan ázimo en la misa latina.
Por cuestiones políticas (y quizás de clima y epidemias), el concilio se trasladó a Florencia en 1439.
Contenido del acuerdo:
Aceptación por los griegos de la doctrina latina del Filioque, aunque el texto del Credo podía mantenerse sin añadirlo en griego.
Reconocimiento del papa como “cabeza y pastor de toda la Iglesia” con jurisdicción universal.
Aceptación de la doctrina latina del purgatorio.
Reconocimiento de la validez del pan ázimo en la Eucaristía latina.
Fracaso de la unión:
En Occidente, el papa celebró la unión; en Oriente, la mayoría del clero y del pueblo la rechazó, viendo la firma como una concesión política hecha bajo presión.
El patriarca José II murió durante el concilio, y su sucesor, Gennadio II, fue un fuerte opositor a la unión.
Cuando Constantinopla cayó en manos otomanas en 1453, la unión era ya letra muerta.
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