EL CARDENAL GOMÁ EN EL CONGRESO EUCARÍSTICO DE 1934

Durante aquellas célebres jornadas del Congreso Eucarístico de Buenos Aires el Cardenal Gomá, Arzobispo de Toledo y Primado de España, brindó una luminosa disertación a la que denominó “Apología de la Hispanidad”. Era el 12 de octubre de aquel año 34. El lugar, el teatro Colón. Todo llamaba a cantar al genio de la Hispanidad. En esa ocasión el disertante dejó en claro su tesis principal: “”América es la obra de España. Esta obra (…) lo es esencialmente de catolicismo. Luego, hay relación de igualdad entre hispanidad y catolicismo”. 

     Lo primero que demostró Gomá en su alocución es que América es la obra de España. En efecto, señalaba el Cardenal que “Dios quiso probarla (a España) con el hierro y el fuego de la invasión sarracena; (…) y Dios premió el esfuerzo gigante dando a nuestro pueblo un alma recia, fortalecida en la lucha (…) El mismo año en que terminaba el Granada la reconquista del solar patrio, daba España el gran salto transoceánico (…).

     (…) Libre España de la pesadilla del sarraceno, sabia en el arte de correr mares, situada en la punta occidental de Europa, con una reina que encarnaba todas las virtudes de la raza (…) recibe la vi sita de Colón (…)

     (…) Colón, sin España, es un genio sin alas (…)

     Al descubrimiento sigue la conquista. (…) España (…) se lanzará, con toda su alma, a la conquista del Nuevo Mundo.”

     Capitanes, obispos, misioneros, sabios que enseñaron en escuelas y universidades; el desarrollo de la agricultura; una vasta legislación –las Leyes de Indias-; ciudades desde México al extremo sur del continente –con su típica plaza española y el templo rematado en cruz-; la manifestación de las artes –arquitectura, pintura, escultura- expresando el gótico, el mudéjar, el plateresco y el barroco de Castilla; la difusión de la lengua castellana y el estudio de las lenguas nativas que dio origen a gramáticas, diccionarios, catecismos, confesionarios, devocionarios, sermonarios; el mestizaje del español con el aborigen que le dio un estilo muy peculiar a la población hispanoamericana. Todo esto, coronado por el anuncio de la Fe de Cristo, fue obra de España, “que, con un beso de tres siglos (…) transfundió su propia alma.”

     Ahora bien, esa obra española fue –sobre todo- obra de catolicismo. “Porque España fue un Estado misionero antes que conquistador. (…) Isabel la Católica (…) a la hora de su muerte dictaba (…) estas palabras: ‘Nuestra principal intención fue la de procurar atraer a los pueblos dellas (de las Indias) a los convertir a nuestra sancta fe cathólica’. (…) Carlos V al despedir a los prelados de Panamá y Cartagena, les decía: ‘Mirad que os he echado aquellas ánimas a cuesta (…)’.” Y las Leyes de Indias oscilan “entre estas dos grandes preocupaciones: la enseñanza del cristianismo y la defensa de los aborígenes”.

     Sin embargo, Gomá reconoce “que el siglo XVIII fue fatal para estos principios: el ateísmo de la Enciclopedia y la revolución demagógica entraron en América (…) con los cargamentos españoles, la vieja hispanidad se tornó poco a poco francófila; Madrid fue suplantado por Versalles, el Evangelio, por la Enciclopedia”. De aquí se derivaran guerras y separaciones, con culpas de un lado y del otro. Pero, entendía Gomá –y el auditorio que lo escuchaba en aquellas célebres jornadas- que se debía volver al “espíritu de la raza”: “La raza, la hispanidad, es algo espiritual (…) diríamos que la hispanidad importa cierta catolicidad. (…) Y así definida la hispanidad, yo digo que es (…) un deber, para los españoles y americanos, acometer la hispanización de América latina”. Concluyendo: trabajamos por la hispanidad o somos suplantados por otros pueblos, por otras razas (…)”.

     Ahora bien, se pregunta Gomá: ¿cómo hacer hispanidad? Responde: “Lo primero que hay que hacer (…) es destruir la leyenda negra (…) Lo pide la verdad histórica (…); lo reclama la justicia (…)”. En segundo lugar, se debe revalorizar la cultura en común –tradición, lengua, religión- que es el patrimonio común de los pueblos hispano, y promover un fecundo intercambio.

     Para terminar, digamos que queda claro, en la exposición del Cardenal Primado que el catolicismo es el alma de la hispanidad: “Nuestra historia no se concibe sin el catolicismo; porque hombres y gestas, arte y letras, hasta el perfil de nuestra tierra, mil veces quebrado por la Santa Cruz, que da sombra a toda España, todo está como sumergido en el pensamiento radiante de Jesucristo, luz del mundo (…). Así quedamos definitivamente unidos, España y América, en lo más sustancial de la vida, que es la religión”. Esta alma católica de la hispanidad que Gomá proclama ha sido puesta de relieve en aquella gesta de catolicidad que fue el Congreso Eucarístico de Buenos Aires:

     “Hoy lo habéis visto en el estupor de vuestras almas (…) el Dios de los brazos abiertos, vivo en la Hostia (…) en esta urbe inmensa, en medio de esplendores no igualados, ha recibido (…) el tributo de alma y vida de uno de los pueblos más gloriosos de la tierra. Es que este Dios, que acá trajo España, ha obrado el milagro de esta gloriosa transformación del Nuevo Mundo.”[1]


Cardenal Gomá: 1934. Antilaicismo (2) - ReL



[1] Este discurso fue publicado por la revista Acción Española en su número de noviembre de 1934. Nosotros lo hemos extraído de la obra de Ramiro de Maeztu, Defensa de la Hispanidad, donde fue publicado como epílogo, ya que así lo quiso el propio autor.


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