Debemos al poverello de Asís la profunda renovación religiosa y cultural del último Medioevo; pero fue su discípulo Fray Elías el que comprendió la necesidad de institucionalizar el nuevo movimiento nacido en el seno de la Iglesia.
La relación entre san Francisco de Asís y fray Elías es muy interesante porque, contra una imagen posterior bastante simplificada, no parece que hubiera una ruptura personal entre ellos durante la vida de Francisco. El conflicto se hizo mucho más fuerte después de la muerte del santo.
1. Dos temperamentos y dos concepciones de la Orden:
Francisco tenía una concepción extraordinariamente radical de la vida franciscana:
-pobreza evangélica llevada hasta sus últimas consecuencias;
-fraternidad sencilla;
-dependencia de la limosna;
-trabajo manual;
-evitar grandes propiedades y construcciones;
-predicación y misión desde una vida de minoridad;
-desconfianza ante una excesiva institucionalización.
La cuestión de la pobreza era central: Francisco quería que los frailes vivieran realmente la pobreza de Cristo y de los apóstoles, no simplemente que hicieran voto de pobreza. Elías, en cambio, era mucho más organizador y pragmático. Tenía una gran capacidad administrativa y diplomática. Había sido provincial en Siria y, desde 1221, vicario general de Francisco. Por eso veía que una Orden que crecía vertiginosamente necesitaba:
-organización;
-estudios;
-edificios;
-estructuras administrativas;
-recursos económicos;
-relaciones con autoridades civiles y eclesiásticas.
Aquí aparece la tensión fundamental:
Francisco pensaba principalmente en qué debía ser el franciscanismo; Elías, cada vez más, en cómo podía funcionar y desarrollarse.
2. ¿Francisco desconfiaba de Elías?
Hay que matizar mucho. Las fuentes franciscanas posteriores, especialmente las vinculadas a los llamados espirituales o zelanti, presentaron a Elías de manera muy negativa. Llegaron a convertirlo casi en el gran antagonista de Francisco.
Pero históricamente esto es difícil de sostener.
El dato más significativo es que Francisco confió enormemente en él. Cuando Francisco renunció al gobierno directo de la Orden hacia 1220, puso a Elías como su vicario después de la muerte de Pedro de Cattaneo. Además, Elías estuvo junto a Francisco en sus últimos años y recibió una confianza considerable. La historiografía moderna ha advertido que muchas acusaciones contra él proceden de fuentes posteriores y fuertemente partidistas.
3. El problema de la Regla
Aquí aparece una cuestión muy reveladora.
Francisco había experimentado ya dificultades porque la Orden estaba creciendo demasiado y algunos frailes querían introducir una estructura más semejante a la de las órdenes tradicionales.
Francisco quería conservar la simplicidad evangélica. Durante la elaboración de la Regla definitiva de 1223, incluso hubo que buscar una forma de expresar jurídicamente su ideal sin destruir su espíritu.
Elías representaba una sensibilidad más favorable a la organización institucional.
No significa que Elías fuera contrario a la pobreza. Más bien consideraba que la supervivencia y expansión de la Orden exigían soluciones que Francisco contemplaba con mucha más cautela.
4. Un episodio significativo: la enfermedad de Francisco
Hay un detalle interesante: Elías insistió en que Francisco recibiera tratamiento médico para sus problemas oculares.
Francisco finalmente aceptó y fue sometido a una intervención en Rieti.
Esto refleja bastante bien sus personalidades: Francisco tendía a aceptar el sufrimiento y la enfermedad como parte de su seguimiento de Cristo; Elías tenía una actitud mucho más práctica ante las necesidades concretas.
5. La gran diferencia apareció después de la muerte de Francisco
Aquí está la clave. Francisco murió el 3 de octubre de 1226. A partir de entonces, las dos tendencias que ya existían dentro de la Orden se hicieron mucho más visibles:
-Los "zelanti" o espirituales:
Hay que conservar literalmente el ideal de Francisco, sobre todo la pobreza.
-Los "relaxati" o partidarios de una interpretación más flexible:
La Orden ya es demasiado grande para vivir exactamente como en los primeros años; hay que adaptarla a sus nuevas dimensiones.
Elías quedó progresivamente identificado con la segunda tendencia.
6. La basílica de San Francisco es casi un símbolo de esta diferencia
Esto es fascinante. Después de la muerte de Francisco, Elías se empeñó en construir una gran basílica para custodiar su cuerpo. La construcción comenzó inmediatamente después de la canonización de Francisco en 1228.
Pero hay una paradoja:
Francisco había querido vivir y morir en la pobreza; Elías construyó para él uno de los grandes monumentos religiosos de la Italia medieval. No necesariamente porque Elías hubiera dejado de amar a Francisco. Más bien porque entendía que la memoria y la grandeza del santo debían expresarse también institucional y artísticamente.
Y esto tendrá enormes consecuencias para el arte italiano.
7. El problema de fondo: ¿qué habría querido Francisco?
Aquí hay que tener cuidado.
No podemos simplemente decir:
Francisco = pobreza
Elías = riqueza
porque sería demasiado simplista.
El propio Francisco sabía que la Orden necesitaba cierta organización. Y Elías había sido durante años uno de sus colaboradores más importantes.
La verdadera tensión era más profunda:
Francisco quería que la institución estuviera subordinada al ideal evangélico.
Elías tendió a pensar que la realización histórica de ese ideal exigía una institución fuerte.
Mientras Francisco vivió, ambas cosas pudieron convivir porque la autoridad carismática de Francisco mantenía el equilibrio.
Después de su muerte, ese equilibrio se rompió.
8. Y Elías acabó enfrentándose a la Orden
Cuando Elías llegó a ser ministro general en 1232, su gobierno fue muy controvertido. Sus adversarios lo acusaron de autoritarismo y de relajar la pobreza. Finalmente, en 1239, el papa Gregorio IX consiguió su deposición.
Después, la situación llegó mucho más lejos: Elías se aproximó políticamente al emperador Federico II durante su conflicto con el papado y terminó excomulgado.
Pero aquí vuelve a ser importante la cautela histórica: las fuentes posteriores exageraron probablemente algunos aspectos de su carácter y conducta. La historiografía reconoce que es muy difícil reconstruir objetivamente su figura porque buena parte de las fuentes proceden de sus adversarios.
Pero no eran enemigos personales. De hecho, Francisco confió mucho en Elías hasta el final.
Lo verdaderamente dramático es que Elías probablemente intentó hacer sobrevivir y desarrollar institucionalmente aquello que Francisco había concebido fundamentalmente como una forma radical de vida evangélica. Y esa diferencia se volvió explosiva cuando desapareció Francisco.
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