John Henry Newman (1801-1890) se sitúa en el corazón de la Inglaterra del siglo XIX, especialmente en el mundo intelectual y religioso de la Inglaterra victoriana.
Newman en su contexto:
1. Una Inglaterra en transformación Newman nació en 1801, cuando comenzaba la Revolución Industrial. Vivió el paso de una sociedad tradicional, profundamente marcada por el cristianismo, hacia una sociedad industrial, urbana, liberal y científicamente orientada.
El crecimiento del liberalismo, el racionalismo y las nuevas ciencias planteaba preguntas sobre la autoridad de la Iglesia, la revelación y la relación entre fe y razón.
2. Oxford y el Movimiento de Oxford:
Su primera gran etapa transcurrió en Oxford, donde fue sacerdote y profesor anglicano. Allí se convirtió en una de las figuras principales del Movimiento de Oxford (décadas de 1830-1840).
Los llamados tractarianos, entre ellos Newman, Edward Bouverie Pusey y John Keble, intentaban recuperar la tradición católica de la Iglesia de Inglaterra frente a las tendencias liberales y protestantes.
Newman defendía especialmente:
la tradición como fuente de autoridad cristiana; la continuidad histórica de la Iglesia; la importancia de los Padres de la Iglesia; una concepción sacramental y litúrgica del cristianismo.
3. De anglicano a católico:
El gran acontecimiento de su vida fue su progresivo acercamiento a la Iglesia católica. Estudiando la historia de la Iglesia primitiva llegó a considerar que la Iglesia de Roma conservaba de manera más plena la continuidad con el cristianismo antiguo.
En 1845 se convirtió al catolicismo y en 1847 fue ordenado sacerdote católico.
Este paso fue extraordinariamente significativo en la Inglaterra protestante de la época y provocó una gran controversia.
4. Newman frente a la modernidad:
Newman no fue simplemente un enemigo de la modernidad. Su pensamiento intentó comprender cómo podía la fe cristiana responder intelectualmente a un mundo moderno.
Por eso reflexionó sobre cuestiones que siguen siendo muy actuales:
¿Cómo llegamos a la certeza? ¿Cómo funciona realmente la razón humana? ¿Cómo se desarrolla la doctrina cristiana sin traicionar la tradición?
De ahí surgieron obras fundamentales como Ensayo sobre el desarrollo de la doctrina cristiana (1845) y Gramática del asentimiento (1870).
5. El Concilio Vaticano I:
En 1870, mientras se celebraba el Concilio Vaticano I, Newman se mostró preocupado por ciertas interpretaciones excesivamente simplificadoras de la infalibilidad papal. Sin embargo, aceptó la definición conciliar.
En 1879, el papa León XIII lo creó cardenal.
En una frase:
Newman representa el encuentro —y también la tensión— entre el cristianismo tradicional y la modernidad del siglo XIX inglés: frente al liberalismo, el racionalismo y los cambios sociales de su tiempo, buscó mostrar que la fe cristiana podía ser histórica, racional, intelectualmente rigurosa y al mismo tiempo fiel a la tradición. Y hay una clave particularmente interesante: Newman pasó de defender la tradición anglicana frente al liberalismo a convertirse al catolicismo precisamente porque su estudio de la tradición cristiana primitiva lo llevó hacia Roma.
En uno de sus sermones de refiere a las paradojas del lenguaje que utilizamos para referirnos a Dios y a las cosas de Dios:
"Las Verdades divinas... son la verdad sólo en la medida más completa en que nuestras men-tes pueden admitirla; la verdad hasta cierto punto, y bajo las condiciones de pensamiento impuestas por la debilidad humana. Es cierto que Dios no tiene comienzo, siempre y cuando pueda considerarse con cierta correspondencia aproximativa que la eternidad implica sucesión; que está en todas partes, si el que es espíritu puede tener relaciones con el espacio. Es correcto hablar de su esencia y sus atributos, si no se niega que supera más bien todas las esencias; es verdad llamarle sabio y poderoso, si cabe que lo consideremos de otra manera que en su unidad simplicísima. Es verdaderamente Trino, si es Uno ver-daderamente; es Uno verdaderamente, si la idea que tenemos de Él está sujeta al número terrestre. Tiene triple Personalidad, en el sen-tido en que puede entenderse que el Infinito tenga en absoluto Personalidad. Si sabemos algo de Él, si podemos hablar de Él de alguna manera; si hay un camino para no hundirnos en el ateísmo o panteísmo, y para acceder a la fe religiosa; si es que tenemos alguna esperanza de salvación, si la verdad y la santidad han de arraigar de al-guna manera en nosotros...; sólo esto sabemos efectivamente, y sólo con esta confesión hemos de empezar y terminar nuestro culto: que el Padre es el único Dios, el Hijo es el único Dios, y el Espíritu Santo es el único Dios; y que el Padre no es el Hijo, el Hijo no es el Espíritu Santo, y el Espíritu Santo no es el Padre." ("La razón y la fe. Sermones universitarios")
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