ICONO E IMAGEN EN LA ITALIA DEL PRE RENACIMIENTO

En el capítulo que se titula «Las Madonnas de Siena. La imagen en la vida de la ciudad y en el altar» del libro Imagen y Culto de Hans Belting, se explica la transformación de la imagen religiosa medieval, especialmente de la Virgen, desde un objeto de culto local hacia una imagen integrada en la organización visual y litúrgica de la iglesia. Belting analiza cómo, en la Italia medieval, las imágenes de la Virgen experimentaron una transformación importante respecto del modelo de los iconos orientales. Aunque inicialmente existía una fuerte influencia bizantina, las imágenes italianas fueron adquiriendo una configuración y unas funciones propias.
Un aspecto central es que la imagen no tenía una única función. Podía ser objeto de devoción, imagen milagrosa, protagonista de procesiones, elemento de culto ciudadano o pieza situada en el altar. Es decir, su significado dependía también del lugar, el ritual y la relación que establecía con los fieles. En este contexto, Belting destaca particularmente el caso de Siena. Allí las imágenes de la Virgen adquirieron una enorme importancia para la identidad de la ciudad. La Madonna no era simplemente una representación de María para ser contemplada: podía convertirse en protectora de la comunidad y símbolo de la propia ciudad.

DEL ICONO AL RETABLO
Uno de los procesos históricos que interesa a Belting es el paso desde el icono aislado, característico de la tradición oriental, hacia formas occidentales más complejas, especialmente el retablo. El retablo permite organizar varias imágenes y escenas en un único conjunto. Belting señala que Occidente recorrió un camino largo hasta llegar a esta configuración definitiva. Mientras en Oriente el icono conservó durante mucho tiempo una estructura relativamente estable, en Occidente las imágenes fueron incorporando nuevas funciones, narraciones y relaciones espaciales.

IMAGEN Y ESPACIO:
Otro punto fundamental es que una imagen no puede entenderse separada del lugar donde se encuentra.
Una Madonna situada en un altar tiene una función diferente de una imagen llevada en procesión por las calles de Siena. El significado de la imagen cambia según su relación con: el altar, la liturgia, la oración, las procesiones, el espacio urbano, y la comunidad que la venera.
Por eso, para Belting, estudiar una imagen medieval no consiste solamente en analizar su estilo artístico. Hay que estudiar qué hacía la imagen dentro de la sociedad.

La idea fundamental de Belting en dicho capítulo podría resumirse así:
"La imagen medieval no era simplemente una obra de arte para ser contemplada; era un objeto activo dentro de la vida religiosa, social y política de la comunidad".

La Madonna podía ser simultáneamente imagen sagrada, objeto de culto, protectora de la ciudad, protagonista de ceremonias y componente del altar. Y esto conecta con una de las tesis generales del libro: antes de que la imagen religiosa occidental se convirtiera principalmente en "obra de arte", funcionaba ante todo como imagen de culto. Su valor no dependía exclusivamente de su calidad artística, sino de su capacidad para participar en una relación entre la imagen, lo representado, el espacio y los fieles.

En definitiva, Belting muestra cómo las Madonnas italianas, especialmente en Siena, pasaron de ser imágenes de tradición icónica a convertirse en elementos activos de la liturgia, la devoción y la identidad colectiva, proceso que contribuyó al desarrollo del retablo occidental.

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