LAS CARRERAS EN EL IMPERIO BIZANTINO Y LAS DISPUTAS TEOLÓGICAS

En la Constantinopla de los siglos V y VI el Hipódromo no era simplemente un lugar donde se corrían carreras: era uno de los principales escenarios donde el pueblo podía manifestar públicamente su posición frente al emperador. Y las disputas teológicas terminaron mezclándose con las rivalidades de las facciones del circo, especialmente Azules y Verdes.

1. El trasfondo teológico:
El gran problema era cómo entender la persona de Cristo.
Después del Concilio de Calcedonia (451), la posición imperial oficial sostuvo que Cristo es una sola persona en dos naturalezas, divina y humana. Los grupos que rechazaban Calcedonia —especialmente los que hoy llamamos miafisitas— consideraban que la formulación calcedoniana comprometía la unidad de Cristo. Esto provocó una enorme división, particularmente en Egipto y Siria, pero también tuvo repercusiones en Constantinopla.
2. ¿Qué tenían que ver los Azules y los Verdes?
Tradicionalmente se ha asociado:
🔵 Azules (Venetoi) → sectores aristocráticos y vinculados a la corte; tendencia calcedoniana.
🟢 Verdes (Prasinoi) → sectores urbanos más ligados al Oriente del Imperio; tendencia más favorable a las posiciones anticalcedonianas/miafisitas.
   Hay que poner una importante cautela: no eran partidos teológicos perfectamente organizados. Las facciones eran originalmente grupos vinculados a las carreras de carros y tenían también dimensiones sociales, económicas y políticas. La asociación religiosa variaba según el momento. La historiografía moderna ha cuestionado precisamente la idea de que "Azules = calcedonianos" y "Verdes = monofisitas" de manera rígida. 
3. El Hipódromo funcionaba como una especie de «parlamento popular»
Esto es lo interesante.
El emperador tenía su palco, la kathisma, conectado directamente con el palacio. Frente a él estaban decenas de miles de personas. Las facciones podían gritar consignas, presentar demandas y presionar al emperador. El Hipódromo se convirtió así en un lugar donde cuestiones religiosas podían transformarse en cuestiones políticas. Por ejemplo, si un emperador favorecía demasiado a un determinado grupo teológico, la facción contraria podía manifestarlo públicamente allí.
4. Un ejemplo extraordinario: Anastasio I
Durante el reinado de Anastasio I (491-518), que simpatizaba con posiciones teológicas anticalcedonianas, se produjo una importante crisis.
Sus adversarios religiosos y políticos utilizaron el Hipódromo para presionarlo. En una ocasión la situación llegó a tal extremo que Anastasio apareció públicamente ante la multitud sin la diadema imperial y manifestó que estaba dispuesto a abandonar el poder. La multitud terminó calmándose.
Es un ejemplo extraordinario de hasta qué punto el Hipódromo podía convertirse en un instrumento de presión sobre el emperador. 
5. Con Justiniano la cuestión se vuelve explosiva. El caso más famoso es la revuelta de Nika de 532. Al principio, Azules y Verdes eran enemigos. Pero durante la crisis ambos se unieron contra Justiniano. Por eso sería un error explicar Nika simplemente como una guerra entre calcedonianos y monofisitas: hubo abuso policial, rivalidades políticas, impuestos, conflictos entre facciones y oposición a determinadas políticas imperiales, además de cuestiones religiosas. 

   Justiniano era firmemente calcedoniano, mientras que su esposa Teodora tenía una actitud mucho más favorable hacia los cristianos anticalcedonianos y protegió a importantes dirigentes de esa corriente.
Esto permitía incluso una especie de equilibrio religioso dentro del propio palacio imperial.

6. La gran paradoja:
El Hipódromo podía ser escenario tanto de conflicto religioso como de alianzas contra el emperador.
Por ejemplo:
 Azules y Verdes podían enfrentarse por cuestiones religiosas.
Pero, si ambos tenían un enemigo político común podían llegar a unirse. Esto pasó en 532 en la revolución "Nika", opositora a Justiniano.

   Por eso los historiadores actuales son cautelosos con la vieja interpretación de que los Azules y Verdes fueran simplemente "partido calcedoniano" y "partido monofisita". Eran facciones sociales y políticas cuya identidad religiosa podía coincidir con sus intereses, pero no los determinaba completamente. 

En resumen:
El Hipódromo fue uno de los lugares donde la crisis teológica del cristianismo oriental se convirtió en movilización popular. No se discutía teología académica en las gradas, pero cuestiones como Calcedonia, la naturaleza de Cristo, el nombramiento de obispos o la política religiosa del emperador podían convertirse en consignas de las masas. Y esto explica algo muy característico del Imperio bizantino: religión, política y vida urbana estaban profundamente entrelazadas. Y era el Hipódromo precisamente el lugar donde esas tres dimensiones se encontraban.

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