Felipe Guamán Poma de Ayala fue un cronista indígena andino de fines del siglo XVI y comienzos del XVII.
Vivió aproximadamente entre 1535 y 1616, en el Virreinato del Perú. Era de ascendencia indígena y pertenecía a la región de Huamanga (actual Ayacucho, Perú).
Es famoso por escribir la Nueva corónica y buen gobierno, una enorme obra dirigida al rey Felipe III.
La obra combina texto e ilustraciones y describe la sociedad andina, la conquista española, la administración colonial y los abusos sufridos por los indígenas.
Su propósito era pedir al rey que reformara el gobierno colonial y protegiera a los indígenas.
Una particularidad fascinante es que Guamán Poma escribió en castellano, pero con fuerte influencia de las lenguas y formas de pensamiento andinas. Sus dibujos son además una fuente histórica extraordinaria: muestran autoridades indígenas, españoles, sacerdotes, campesinos, ciudades, ceremonias y escenas de la vida cotidiana.
Guamán Poma de Ayala se identificaba como descendiente de nobles indígenas andinos, vinculado a grupos de la región de Huamanga. Su nombre mismo combina elementos quechuas: Guamán (halcón) y Poma (puma).
Vivió en una sociedad colonial profundamente mezclada y tuvo contacto estrecho con españoles, religiosos y funcionarios, además de dominar el castellano.
Uno de los aspectos más interesantes de Guamán Poma es que no era “proindígena y anti-español”. Su posición era bastante más compleja. En la Nueva corónica y buen gobierno (hacia 1615), construye una crítica muy dura del régimen colonial, pero acepta el cristianismo y la autoridad del rey de España.
1. Sobre los funcionarios españoles:
Guamán Poma distingue entre los buenos cristianos y los malos cristianos.
Su principal denuncia no es que los españoles sean españoles, sino que muchos no viven de acuerdo con la fe cristiana que profesan. Acusa especialmente a corregidores, encomenderos, sacerdotes y doctrineros, funcionarios, mineros; y españoles que explotaban a los indígenas.
Describe abusos como trabajos forzados, cobros excesivos, violencia, corrupción y apropiación de los bienes indígenas. En una de sus ilustraciones, por ejemplo, representa a un corregidor castigando a un funcionario indígena por una cuestión relacionada con el tributo. Y aquí está su argumento fundamental: España había llevado el cristianismo al Perú, pero muchos españoles estaban actuando de manera anticristiana. Por eso le escribe al rey Felipe III para que corrija el gobierno del Perú. No pretende expulsar a los españoles ni independizar el Perú: quiere que el rey haga justicia y ponga a los indígenas bajo una protección efectiva.
2. Sobre los incas: los admira, pero tampoco los idealiza completamente
Guamán Poma presenta la sociedad indígena anterior a los españoles como poseedora de orden, autoridad, agricultura, justicia y organización social.
Considera que los gobernantes indígenas podían gobernar correctamente y sostiene que los indígenas deberían conservar un papel importante en el gobierno de sus propias comunidades. Pero hay una cuestión interesante: no convierte al Imperio inca en una sociedad perfecta.
Critica determinados aspectos de la religión andina, especialmente la idolatría, los sacrificios y a los sacerdotes o especialistas religiosos que, desde su perspectiva cristiana, mantenían al pueblo en el error.
Por eso su propuesta no consiste en volver simplemente al mundo incaico.
Su ideal es una especie de síntesis:
instituciones y conocimientos indígenas + tecnología europea + cristianismo.
Ese es, en buena medida, el sentido de su idea de “buen gobierno”.
3. Sobre la evangelización: era partidario del cristianismo. Guamán Poma no rechaza la evangelización. Al contrario: se considera cristiano y cree que los indígenas deben conocer la verdadera fe. La Nueva corónica comienza incluso presentándose como una obra útil para la “enmienda” de cristianos e indígenas, y para que los sacerdotes puedan enseñar y confesar correctamente a los indígenas. Pero distingue entre:
la verdadera evangelización y la explotación de los indígenas bajo pretexto religioso.
Critica a los sacerdotes que no cumplen correctamente su misión y denuncia que algunos religiosos se aprovechan de los indígenas. Es decir, su razonamiento sería aproximadamente:
Cristo es verdadero → el cristianismo es verdadero → los indígenas deben ser cristianizados → pero los españoles que los maltratan están contradiciendo el cristianismo que dicen defender.
4. Y hay algo todavía más sorprendente
Guamán Poma intenta insertar la historia de los Andes dentro de la historia cristiana universal. No presenta a los indígenas simplemente como un pueblo pagano que aparece por primera vez con la llegada de los españoles. Construye una historia en la que los Andes tienen un pasado propio y una relación con la historia bíblica y cristiana.
Por ejemplo, incorpora tradiciones según las cuales el apóstol san Bartolomé habría llegado a los Andes antes de la conquista española. Esto le permite hacer algo intelectualmente muy audaz: decir, en efecto, “Nosotros los indígenas también formamos parte de la historia de la salvación.”
5. Su relación con el rey de España
Y acá está probablemente la clave de todo su pensamiento. Guamán Poma no considera ilegítimo al rey español. Al contrario, le escribe con enorme respeto y lo presenta como la autoridad que debería garantizar justicia.
Su estrategia es:
Rey bueno → gobierno justo → protección de los indígenas → cristianización auténtica.
El problema son los funcionarios y particulares que engañan al rey y gobiernan injustamente.
Por eso su libro es simultáneamente: una crónica de la historia andina; una denuncia de los abusos de la conquista y del régimen colonial; una defensa de los indígenas;
y un proyecto político de reforma del Perú.
En resumen: Guamán Poma no dice “fuera los españoles” ni “volvamos al paganismo inca”. Su propuesta es mucho más peculiar: un Perú cristiano, sometido al rey, pero gobernado con justicia y con una participación mucho mayor de las autoridades indígenas. Y justamente por eso es tan interesante: utiliza el propio lenguaje cristiano y jurídico de la monarquía española para denunciar que la colonización estaba traicionando sus propios principios.
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