COLUMBANO, UNO DE LOS MONJES FUNDADORES DE EUROPA

San Columbano (c. 543–615) fue uno de los grandes monjes misioneros de la Europa occidental de la Antigüedad tardía. Su importancia es enorme porque contribuyó decisivamente a la evangelización y reorganización monástica de la Galia, los territorios germánicos e Italia.

Columbano nació en Irlanda hacia el año 543, probablemente en el reino de Leinster. Se formó en el ambiente monástico irlandés, caracterizado por una disciplina ascética muy rigurosa y por el estudio de la Escritura.
Hacia los 40 años, decidió abandonar Irlanda para emprender una peregrinación misionera al continente europeo. No se trataba simplemente de "convertir paganos": gran parte de su misión consistió en revitalizar el cristianismo y la vida monástica en territorios que ya habían sido evangelizados.
Llegó a la Galia acompañado por otros monjes.

Su principal establecimiento fue el monasterio de Luxeuil, en la Borgoña, fundado aproximadamente hacia el 590.
Allí desarrolló una forma de vida monástica extraordinariamente exigente. Sus monasterios llegaron a atraer numerosos discípulos y se convirtieron en centros de:
-oración y penitencia;
-estudio de la Escritura;
-copia de manuscritos;
-evangelización;
-formación cultural;
-organización económica y agrícola del territorio.

Columbano redactó una Regla monástica, aunque posteriormente sería desplazada en buena medida por la Regla de san Benito.

Columbano tenía una concepción muy fuerte de la libertas monachorum, la libertad del monje frente al poder político. No dudaba en enfrentarse incluso a reyes y obispos cuando consideraba que estaban actuando contra la moral cristiana.
Esto terminó provocando un conflicto con Brunegilda, reina y regente de los francos, y con la corte de Borgoña.
Columbano reprendió públicamente determinadas conductas de la familia real y se negó a someterse a sus presiones. Finalmente fue expulsado de Luxeuil hacia 610.

Su peregrinación por Europa:
A partir de entonces comenzó una segunda etapa extraordinaria de su vida.
Pasó por territorios de la actual Francia y Suiza y llegó a la región del lago de Constanza. Allí fundó o impulsó comunidades monásticas, entre ellas Bregenz. Su discípulo más famoso fue san Galo (Gall), cuyo nombre quedó asociado posteriormente al célebre monasterio de Saint Gall, en Suiza.
Finalmente Columbano atravesó los Alpes y llegó a Italia. Allí entró en contacto con el rey lombardo Agilulfo, y recibió tierras en el valle del Trebbia. Hacia 614 fundó el monasterio de Bobbio, que se convertiría posteriormente en uno de los grandes centros intelectuales y culturales de la Italia medieval.

Murió allí el 23 de noviembre de 615.
Bobbio conservaría durante siglos una importantísima biblioteca y tradición manuscrita.

Una frase que resume muy bien su pensamiento es:
«El verdadero peregrino es aquel que no posee nada en este mundo.» Su espiritualidad tiene además una dimensión fuertemente misionera: el monje abandona su patria para ponerse enteramente al servicio de Dios.

Columbano y la cultura europea:
Aquí está quizá su importancia histórica mayor.
Columbano forma parte de esa generación de monjes que, entre los siglos VI y VII, contribuyeron a mantener y reconstruir la cultura cristiana occidental después de la desintegración del Imperio romano de Occidente. Su red monástica creó una especie de red espiritual y cultural que conectaba Irlanda, la Galia, Suiza, Alemania e Italia. Por eso se lo considera uno de los grandes "padres de la Europa monástica".
  
Dejamos a continuación la palabra y la reflexión a Columbano:

"Amadísimos hermanos, escuchad nuestras palabras, pues vais a oír algo realmente necesario; y mitigad la sed de vuestra alma con el caudal de la fuente divina, de la que ahora pretendemos hablaros. Pero no la apaguéis del todo: bebed, pero no intentéis saciaros completamente. La fuente viva, la fuente de la vida nos invita ya a ir a él, diciéndonos: 'El que tenga sed que venga a mí y que beba'.
   Tratad de entender qué es lo que váis a beber. Que os lo diga Jeremías. Mejor dicho, que os lo diga el que es la misma fuente: 'Me abandonaron a mí, fuente de agua viva —oráculo del Señor—'. Así, pues, nuestro Señor Jesucristo en persona es la fuente de la vida. Por eso, nos invita a ir a él, que es la fuente, para beberlo. Lo bebe quien lo ama, lo bebe quien trata de saciarse de la Palabra de Dios. El que tiene suficiente amor también tiene suficiente deseo. Lo bebe quien se inflama en el amor de la sabiduría."

Comentarios