LAS HIJAS DE LA CARIDAD, LA PRIMERA CONGREGACIÓN ACTIVA FEMENINA

La comunidad fue fundada en 1633 por San Vicente de Paúl y Santa Luisa de Marillac en París.
Al principio no eran consideradas una orden religiosa. Vicente de Paúl quiso que permanecieran insertas en el mundo para servir a los pobres y a los enfermos, sin la clausura que entonces imponía el derecho canónico a las religiosas.
Por eso hacían votos privados, renovados anualmente, y no votos solemnes perpetuos. San Vicente resumía su identidad con una frase célebre: "Su monasterio serán las casas de los enfermos; su celda, un cuarto de alquiler; su capilla, la iglesia parroquial; su claustro, las calles de la ciudad."
La Santa Sede fue aprobando progresivamente el instituto. El reconocimiento pontificio llegó en 1668, cuando el papa Clemente IX aprobó oficialmente la Compañía de las Hijas de la Caridad como una forma de vida religiosa distinta de las órdenes monásticas tradicionales.
Más tarde, sus constituciones fueron confirmadas y adaptadas por diversos papas, consolidando definitivamente su estatuto canónico.
Su caso fue innovador porque abrió el camino para las congregaciones religiosas de vida activa, dedicadas a la educación, la asistencia sanitaria y el servicio de los pobres, sin la obligación de la clausura monástica. En ese sentido, las Hijas de la Caridad fueron un modelo para muchas congregaciones femeninas que surgirían en los siglos XVIII y XIX.

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