Hilaire Belloc (1870-1953) fue un escritor, historiador, ensayista, poeta y político franco-británico, considerado una de las figuras más influyentes del pensamiento católico en lengua inglesa del siglo XX.
Nació en Francia, pero se trasladó de joven a Inglaterra, donde estudió en la Universidad de Oxford. Fue diputado en el Parlamento británico entre 1906 y 1910. Profundamente católico, dedicó gran parte de su vida a defender la fe frente al secularismo moderno. Mantuvo una estrecha amistad intelectual con Gilbert Keith Chesterton; ambos fueron conocidos como el "Chesterbelloc" por la afinidad de sus ideas.
Su obra:
Belloc escribió más de un centenar de libros, entre ellos:
-Historia: Europa y la Fe, La Revolución Francesa y Las Cruzadas, donde interpreta la historia desde una perspectiva cristiana.
Ensayo político y económico: desarrolló, junto con Chesterton, la teoría del distributismo, que proponía una amplia distribución de la propiedad privada como alternativa tanto al capitalismo monopolista como al socialismo.
-Apologética católica: defendió la centralidad de la Iglesia en la civilización europea y el papel del catolicismo en la formación de Occidente.
-Literatura: escribió poesía, novelas y relatos de viaje, caracterizados por un estilo elegante, irónico y de gran erudición.
Pensamiento
Belloc sostenía que la cultura europea era inseparable del cristianismo. Creía que la crisis de la sociedad moderna se debía al abandono de la fe y advertía sobre los peligros del materialismo, el estatismo y la concentración del poder económico. Su defensa de la libertad, de la familia y de la pequeña propiedad ejerció una notable influencia en el pensamiento social católico del siglo XX.
Dejamos a continuación unas líneas de su obra "Europa y la Fe":
“...el católico contempla a Europa desde adentro, y no puede haber un punto de vista católico de la historia europea, como no puede haber un punto de vista de un hombre con respecto a sí mismo…
La Fe es Europa y Europa es la Fe…
Afirmo nuevamente, reemplazando los términos: la Iglesia es Europa, y Europa es la Iglesia.
La conciencia católica de la historia no se inicia con el desarrollo de la Iglesia en la cuenca del Mediterráneo. La antecede en mucho. El católico conoce el terreno en el que creció la planta de la Fe. En modo al que ningún hombre se atreve, entiende cómo el esfuerzo militar romano…, los frutos obtenidos de la luz ateniense…, y aun el antiguo Israel…fueron…cosas principales dedicadas a una misión peculiar.
Para el católico, toda esa perspectiva es armónica. El cuadro es normal. Para él no hay deformaciones. El proceso de nuestra gran historia es fácil, natural y total…
La fe católica se expande sobre el mundo romano…’La fe es lo que Roma aceptó en su madurez; y la Fe no fue causa de su decadencia, sino factor conservador de todo lo que en ella podía conservarse…
(La irrupción de los bárbaros) amenazó a la civilización, en su vejez…; y si el mundo civilizado venció ese ataque y no decayó definitivamente en ese entonces, se lo debemos a la fe católica.
En el período siguiente -la Edad Media- el católico sigue viendo a Europa a salvo del ataque universal del árabe, del huno y del escandinavo…
Y, sin embargo, Europa sobrevivió. En el reverdecer que siguió a esta época sombría -en la Edad Media- el católico…ve surgir los parlamentos, no de una imaginaria fuente teutónica…, sino de las verdaderas órdenes monásticas…Observa la trayectoria hacia lo alto de la arquitectura gótica…Contempla las nuevas universidades, fruto del despertar del alma europea; la maravillosa civilización de la Edad Media, alzándose como una transformación de la vieja sociedad romana, cambio puramente interno y causado por la Fe.” (HILAIRE BELLOC, Europa y la Fe. Editorial Sudamericana. Buenos Aires. 1967, pp. 7-24)
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