FRANCISCO SOLANO, EL APÓSTOL MÚSICO

San Francisco Solano (1549–1610) fue un fraile franciscano y uno de los grandes misioneros de América del Sur durante la época colonial española.
   Nació el 10 de marzo de 1549 en Montilla (Córdoba, España). Ingresó muy joven en la Orden Franciscana y se destacó por su austeridad, su profunda vida de oración y su dedicación a la predicación. Durante una epidemia atendió con gran valentía a los enfermos, poniendo en riesgo su propia vida.
   En 1589 fue enviado como misionero al Virreinato del Perú. Tras un difícil viaje, recorrió durante cerca de veinte años los territorios que hoy corresponden a Perú, Bolivia, Paraguay y el norte de Argentina, evangelizando especialmente a los pueblos indígenas. La tradición afirma que aprendía con facilidad las lenguas locales y que, en ocasiones, era comprendido incluso sin conocer el idioma. También se hizo famoso por tocar el violín, instrumento que utilizaba para atraer a la gente antes de predicar.
   Su fama de santidad se extendió por todo el continente. Se le atribuyeron numerosos milagros tanto en vida como después de su muerte, relacionados con curaciones, conversiones y protección ante desastres naturales.
   Murió en Lima el 14 de julio de 1610. Fue beatificado en 1675 por el papa Clemente X y canonizado en 1726 por el papa Benedicto XIII.
   En Argentina es especialmente venerado como uno de los grandes evangelizadores del territorio y es el patrono del folklore argentino, debido a la tradición que lo representa evangelizando con su violín y su canto. Su fiesta litúrgica se celebra el 14 de julio.

   José Maria Iraburu en su obra "Hechos de los Apóstoles de América" resalta cómo fue una alegría sobrenatural la fuerza que impulsaba al evangelizador:

"Era quizá aquella alegría de fray Francisco, tan candida y sincera, procedente del Espíritu Santo y de Andalucía, lo que ganaba el corazón de los indios. Y es que el padre Solano, en aquel marco de vida tan inhóspito y confuso, no sólo lo llevaba todo con paciencia, sino con demostraciones de grandes júbilos en el paraje y despoblados donde se hallaban. Lo solemnizaba danzando y cantando cánticos en loor y alabanza de Cristo nuestro Señor y de la Santísima Virgen María. Así dice fray Diego de Córdoba y Salinas, resumiendo los testimonios del proceso de beatificación
  Danzando y cantando, a su estilo. Pero no se crea que esta alegría jubilosa es solamente una rareza simpática, peculiar de San Francisco Solano. El entusiasmo, enthusiasmós (Éxtasis, arrobamiento), ya en los griegos, derivado de enthusiázo (estoy inspirado por la divinidad, theós), tiene un sentido primario fundamentalmente religioso. Y en el cristianismo es el gozo en el Espíritu Santo (Gál 5,22), ese júbilo interior tan propio de los hijos de Dios. tan profundo en los más grandes santos. Es un entusiasmo procedente del Corazón de Cristo, que en ocasiones se sintió inundado de gozo en el Espíritu Santo (Lc 10,21). Por lo demás, esa alegria solanesca, además de genuinamente cristiana, era de la mejor tradición franciscana. Las Florecillas nos dicen que San Francisco de Asís también cantaba muchas veces con júbilo al Señor, especialmente cuando estaba de camino o en el bosque, y a veces en francés, cuando estaba más alegre.
   La alegría espiritual de Solano se hacía particularmente exultante con ocasión de las grandes fiestas litúrgicas, cómo en las procesiones del Santísimo Sacramento o en honor de la Virgen. Por ejemplo, estando en Salta, 'en cierta fiesta que se hizo a Nuestra Señora, yendo en la procesión, se encendió tanto en el divino amor de Dios y y de su Santísima Madre, que, dejando aparte toda la autoridad de prelado y custodio que era, se puso a cantar diciendo coplas en alabanza de Nuestra Señora, en la forma que David, santo rey, lo hacía delante del Arca del Testamente', o sea bailando, para decirlo más claramente."

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