"La sociedad, en su conjunto, vivió en un ambiente de belleza. Como afirma Huizinga, la estética de la existencia se mostraba en el aspecto cotidiano de la ciudad y del campo. Ya el mismo modo de vestir, con tanta diversidad de telas, colores, gorras y caperuzas, confería a los distintos estamentos de la sociedad un marco externo de hermosura y dignidad, que permitía percibir tanto las diferentes dignidades como las delicadas relaciones entre los amigos y los enamorados. la estética de las emociones no se restringía a las alegrías y dolores del nacimiento, el matrimonio y la muerte…Todo lo que se refería al valor, el honor y el amor, era considerado a través de formas bellas y estilizadas…
Siendo la catedral la expresión más majestuosa de la sociedad medieval, y conteniendo en sí… todas las llamadas bellas artes, penetremos ante todo en el significado espiritual y cultural que tuvo en aquella época…
… las catedrales… habían sido concebidas para ser vistas en perspectiva vertical. La mole componente de la iglesia madre dominaba la plaza de armas y se erguía por encima del recinto ceñido por las murallas…
… La ciudad encontraba su realización acabada en ese himno de piedra a la gloria de Dios. La catedral era el centro topográfico y espiritual de la ciudad. Hacia ella convergían todos los caminos. Todas las aspiraciones del hombre medieval confluían en ella y en ella se verticalizaban." (ALFREDO SÁENZ. La Cristiandad y su cosmovisión)
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