Melitón de Sardes fue una de las figuras más importantes del cristianismo primitivo en Asia Menor. Vivió en el siglo II (aprox. 100–180 d.C.) y fue obispo de la ciudad de Sardes, en la actual Turquía.
Melitón pertenece a la generación posterior a los apóstoles, en un momento en que la Iglesia estaba definiendo su doctrina frente al judaísmo y al mundo pagano. Es considerado un Padre de la Iglesia y uno de los primeros teólogos en desarrollar una reflexión más sistemática sobre Cristo. Su obra más famosa conservada es:
“Sobre la Pascua” (Peri Pascha). Es un texto clave donde interpreta la Pascua cristiana a la luz de la Pascua judía. Allí presenta a Cristo como el verdadero Cordero pascual.
Su teología es muy rica en símbolos y tipología bíblica: ve en el Antiguo Testamento figuras que se cumplen en Cristo. Melitón parte de la Pascua judía (Éxodo) y la relee completamente en clave cristiana.
En el Antiguo Testamento:
-Se sacrifica un cordero
-Su sangre salva a Israel
-El pueblo es liberado de Egipto
Para Melitón, todo eso no era el fin, sino una figura (τύπος) de algo mayor:
-Cristo es el verdadero Cordero
-Su sangre salva a toda la humanidad
-La liberación ya no es de Egipto, sino del pecado y la muerte
Melitón fue defensor de la tradición llamada cuartodecimana, que celebraba la Pascua el 14 de Nisán (según el calendario judío), independientemente del día de la semana. Esto lo vinculaba con otras iglesias de Asia Menor y lo ponía en tensión con la práctica romana.
Escribió también una apología al emperador Marco Aurelio, defendiendo a los cristianos frente a persecuciones y buscando mostrar que el cristianismo no era una amenaza para el orden imperial.
Dejamos a continuación un fragmento de su escrito sobre la Pascua:
"Muchas predicciones nos dejaron los profetas en torno al misterio de Pascua, que es Cristo; a él la gloria por los siglos de los siglos. Amén.
Él vino desde los cielos a la tierra a causa de los sufrimientos humanos; se revistió de la naturaleza humana en el vientre virginal y apareció como hombre; hizo suyas las pasiones y sufrimientos humanos con su cuerpo, sujeto al dolor, y destruyó las pasiones de la carne, de modo que quien por su espíritu no podía morir acabó con la muerte homicida.
Se vio arrastrado como un cordero y degollado como una oveja, y así nos redimió de idolatrar al mundo, el que en otro tiempo libró a los israelitas de Egipto, y nos salva de la esclavitud diabólica, como en otro tiempo a Israel de la mano del Faraón; y marcó nuestras almas con su propio Espíritu, y los miembros de nuestro cuerpo con su sangre.
Éste es el que cubrió a la muerte de confusión y dejó sumido al demonio en el llanto, como Moisés al Faraón. Este es el que derrotó a la iniquidad y a la injusticia, como Moisés castigó a Egipto con la esterilidad.
Éste es el que nos sacó de la servidumbre a la libertad, de las tinieblas a la luz, de la muerte a la vida, de las tinieblas al recinto eterno, e hizo de nosotros un sacerdocio nuevo y un pueblo elegido y eterno. Él es la Pascua nuestra salvación. Éste es el que tuvo que sufrir mucho y en muchas ocasiones: el mismo que fue asesinado en Abel y atado de manos en Isaac, el mismo que peregrinó en Jacob y vendido en José, expuesto en Moisés y sacrificado en el cordero, perseguido en David y deshonrado en los profetas. Éste es el que se encarnó en la Virgen, fue colgado en el madero y fue sepultado en tierra, y el que, resucitado de entre los muertos, subió al cielo.
Éste es el cordero que enmudecía y que fue inmolado; el mismo que nació de María, la hermosa cordera; el mismo que fue arrebatado del rebaño, empujado a la muerte, inmolado al atardecer y sepultado por la noche; aquel que no fue quebrantado en el leño, ni se descompuso en tierra; el mismo que resucitó de entre los muertos e hizo que el hombre surgiera desde lo más hondo del sepulcro."
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