HILARIO, UN DEFENSOR DE LA FE NICENA

San Hilario de Poitiers (c. 310–367) fue obispo de Poitiers (en la actual Francia) y uno de los grandes defensores de la fe nicena frente al arrianismo en el siglo IV. Es considerado Doctor de la Iglesia y uno de los principales teólogos latinos de su tiempo.
   Vivió en plena controversia arriana, cuando muchos obispos —incluso con apoyo imperial— sostenían que el Hijo no era plenamente Dios como el Padre. Hilario defendió con firmeza la doctrina proclamada en el Concilio de Nicea (325): que el Hijo es consustancial (homoousios) al Padre.
   Por su postura antiarriana fue desterrado a Frigia (Asia Menor) hacia el año 356, bajo el emperador Constancio II.
En el exilio profundizó su teología y conoció mejor el pensamiento griego, lo que enriqueció su obra. Regresó a su diócesis en 360.
   Como queda demostrado fue un ferviente defensor de la divinidad del Verbo. Ese Verbo con el que los cristianos se unen al participar del banquete eucarístico, como lo expresó en las siguientes palabras:

"Si es verdad que la Palabra se hizo carne y que nosotros, en la cena del Señor, comemos esta Palabra hecha carne, ¿cómo no será verdad que habita en nosotros con su naturaleza aquel que, por una parte, al nacer como hombre, asumió la naturaleza humana como inseparable de la suya y, por otra, unió esta misma naturaleza a su naturaleza eterna en el sacramento en que nos dio su carne? Por eso todos nosotros llegamos a ser uno, porque el Padre está en Cristo y Cristo está en nosotros; por ello, si Cristo está en nosotros y nosotros estamos en él, todo lo nuestro está, con Cristo, en Dios."

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