GREGORIO NACIANCENO, TESTIGO DEL SIGLO IV

Gregorio Nacianceno (329–390), también llamado Gregorio el Teólogo, fue uno de los grandes Padres de la Iglesia del siglo IV, célebre por su defensa de la doctrina trinitaria y por la profundidad literaria y espiritual de sus escritos.
   Nació en Arianzo (actual Turquía), en una familia profundamente cristiana: su padre, Gregorio el Viejo, era obispo, y su madre, Santa Nonna, fue una figura decisiva en su formación espiritual.
   Recibió una educación excelente en retórica y filosofía, estudiando en centros importantes como Atenas, donde entabló una amistad fundamental con San Basilio el Grande. También conoció allí a Juliano el Apóstata.
   Inicialmente se inclinó por la vida retirada y contemplativa, pero fue ordenado sacerdote casi a la fuerza por su padre. Más tarde fue consagrado obispo y colaboró con Basilio en la lucha teológica contra el arrianismo.
   Su momento más importante llegó en Constantinopla, donde llegó a ser Patriarca y defendió la fe nicena frente a las herejías, lo que le valió grandes dificultades. No obstante, fue reconocido como una de las voces más brillantes del cristianismo. Participó en el Concilio de Constantinopla I, pero, en medio de conflictos e intrigas, renunció a su cargo y se retiró a la vida contemplativa, donde murió hacia el año 390.

Dejamos a continuación algunas reflexiones de tan eminente Padre:

"Vamos a participar en la Pascua, ahora aún de manera figurada, aunque ya más clara que en la antigua ley (porque la Pascua de la antigua ley era, si puedo decirlo así, como una figura oscura de nuestra Pascua, que es también aún una figura). Pero dentro de poco participaremos ya en la Pascua de una manera más perfecta y más pura, cuando el Verbo coma y beba con nosotros la Pascua nueva en el reino de su Padre, cuando nos revele y nos descubra plenamente lo que ahora nos enseña sólo en parte. Porque siempre es nuevo lo que en un momento dado aprendemos...
... inmolémonos nosotros mismos a Dios, ofrezcámosle todos los días nuestro ser con todas nuestras acciones. Estemos dispuestos a todo por causa del Verbo; imitemos su Pasión con nuestros padecimientos, honremos su sangre con nuestra sangre, subamos decididamente a su cruz..."

Comentarios