EL SIGLO XVII: LA DEVOCIÓN AL CORAZÓN DE JESÚS

El siglo XVII francés estuvo marcada por la influencia del jansenismo, por una parte -con su concepción pesimista de la naturaleza humana-; y por la difusión, por otra parte, del culto al corazón de Jesús. Uno de los grandes promotores de esta devoción fue San Claudio de la Colombière.

   San Claudio de la Colombière nació el 2 de febrero de 1641 en Saint‑Symphorien‑d’Ozon, una familia noble y profundamente devota del valle del Ródano. Desde joven sintió la llamada a la vida religiosa y, a los 18 años, ingresó en la Sociedad de Jesús en Avignon, donde recibió una formación basada en los Ejercicios espirituales de San Ignacio y se destacó por su humildad y su “sentido de la miseria”, apoyándose siempre en la gracia de Dios.
    Más tarde, en Paray‑le‑Monial, conoció a Santa Margarita María Alacoque, con quien estableció una profunda amistad espiritual; él reconoció y autenticó sus revelaciones y colaboró en la difusión del culto al Sagrado Corazón, proclamándolo como “el corazón que se quemó de amor por los hombres”.
   Su vida estuvo marcada por la entrega total al servicio de los demás: aceptó con serenidad las pruebas y los sacrificios, siempre diciendo que “Dios nos exige esto solo por amistad”. En su apostolado, la oración era el “único medio” para que Dios se uniera a él y obrara para la gloria del Señor, y su fidelidad a la voluntad divina lo llevó a ser un modelo de obediencia, confianza y amor perfecto. Claudio falleció en 1682 en Paray‑le‑Monial, a los 41 años. Fue canonizado por el Papa san Juan Pablo II en 1992, y su fiesta se celebra el 15 de febrero. Hoy es recordado como un apóstol del Sagrado Corazón, un guía espiritual que vivió “todo a él” y cuya vida sigue inspirando a los fieles a entregarse al amor de Cristo y a servir la Iglesia con total entrega.

   Dejamos a continuación unas palabras de Juan Pablo II el día que lo canonizó:

   "Este religioso de corazón puro y libre fue preparado para comprender y predicar el mensaje que, al mismo tiempo, el Corazón de Jesús confiaba a sor Margarita María Alacoque...
   El padre La Colombiere, con una gran seguridad de discernimiento, acreditó enseguida la experiencia mística de esa «discípula amada [del] Sagrado Corazón» ( ib., n. 54), con la cual entabló una hermosa fraternidad espiritual. Recibió de ella un mensaje, que tuvo una gran resonancia: «Éste es el Corazón que amó tanto a los hombres, que no ahorró nada, hasta agotarse y consumirse para testimoniar su amor» (Retraites, 135). El Señor pidió que se honrara su Corazón con una fiesta, haciéndole una «reparación de honor» en la comunión eucarística. Margarita María transmitió al «servidor fiel y perfecto amigo», que reconocía en el padre La Colombière, la misión de «establecer esa devoción y de complacer a mi divino Corazón» (ib.). Claudio, en los años que aún le quedaban por vivir, interiorizó esas «riquezas infinitas». Desde entonces su vida espiritual se desarrolló en la perspectiva de la «reparación» y de la «misericordia infinita», tan subrayadas en Paray. Se entregó en alma y cuerpo al Sagrado Corazón «ardiendo siempre de amor». Incluso en la prueba practicó el olvido de sí mismo»..."

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