San Pedro Crisólogo (c. 380 – c. 450) fue obispo de Rávena, una de las ciudades más importantes del Imperio romano de Occidente en ese tiempo (incluso sede imperial).
Su sobrenombre “Crisólogo” viene del griego Chrysólogos = “palabra de oro”, por la extraordinaria calidad, claridad y belleza de su predicación.
-Importancia en la Iglesia:
Fue doctor de la Iglesia (título que se le dio oficialmente en 1729).
Vivió en la época de:
San Agustín
San León Magno
Las grandes controversias cristológicas (Nestorianismo, etc.).
San León Magno lo admiraba mucho y lo apoyó en su episcopado.
-Su obra principal: los sermones
De él conservamos más de 180 sermones auténticos, caracterizados por:
Gran brevedad (son homilías cortas)
Estilo claro, poético, bíblico
Enorme densidad teológica
Mucho uso de símbolos y tipología bíblica
-Sus temas favoritos:
La Encarnación
El Misterio de Cristo
La Virgen María
El Bautismo
La Eucaristía
-Teología y espiritualidad:
Tiene una teología muy cristocéntrica
Presenta la fe de manera pastoral y contemplativa, no polémica
Une siempre: Doctrina + vida espiritual + conversión del corazón
Una frase famosa suya:
“El que quiere reír con el diablo, no puede reinar con Cristo.”
Y otra muy conocida sobre la Eucaristía:
“El que creó de la nada, no puede cambiar lo que ya existe en su cuerpo y en su sangre?”
-Contexto histórico:
Rávena era capital imperial: había lujo, poder, intrigas políticas.
Pedro Crisólogo fue un obispo firme pero pastoral, que combatió:
La superficialidad religiosa
El formalismo vacío
Las herejías cristológicas
-Muerte y culto:
Murió hacia el año 450
Es venerado como santo y doctor de la Iglesia
Su fiesta es el 30 de julio
Dejamos a continuación unas reflexiones suyas apropiadas a estos días de Epifanía:
"Aunque en el mismo misterio del nacimiento del Señor se dieron insignes testimonios de su divinidad, sin embargo la solemnidad que celebramos manifiesta y revela de diversas formas que Dios ha asumido un cuerpo humano, para nuestra inteligencia, ofuscada por tantas oscuridades, no pierda por su ignorancia lo que por gracia ha merecido recibir y poseer. Pues el que por nosotros quiso nacer no quiso ser ignorado por nosotros; y por esto se manifestó de tal forma que el gran misterio de su bondad no fuera ocasión de un gran error. Hoy el mago encuentra llorando en la cuna a aquel que, resplandeciente, buscaba en las estrellas. Hoy el mago contempla claramente entre pañales a aquel que, encubierto, buscaba pacientemente en los astros. Hoy el mago discierne con profundo asombro lo que allí contempla: el cielo en la tierra, la tierra en el cielo, el hombre en Dios, y Dios en el hombre; y a aquel que no puede ser encerrado en todo el universo incluido en un cuerpo de niño. Y, viendo, cree y no duda; y lo proclama con sus dones místicos: el incienso para Dios, el oro para el Rey, y la mirra para el que morirá."
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