"Esta secularización, presentada bajo la autosuficiencia de la naturaleza, fue calificada entonces de averroísmo. No vamos a entrar en discusiones de hasta qué punto Averroes es responsable de lo que se le atribuyera. Lo que hemos de tener en cuenta aquí es lo que, bajo tal calificativo, entendían los hombres del siglo XIV. Averroísmo significaba asignar a la naturaleza creada cierta forma de eternidad y de infinitud: contra esto luchó Raimundo Lulio denodadamente hasta el fin de su vida. En cierto modo, fracasó, porque en el siglo XIV el nominalismo, que reduce a las ideas a un mero valor de abstracción conceptual fabricada por el hombre mientras reclama el conocimiento de los particulares concretos, se instaló en las Universidades y se desarrolló ampliamente. Sus partidarios proclamaron que se había encontrado la vía moderna para la teología y calificaron de 'via antiqua' tanto a la que siguiera Santo Tomás como a la de Juan Duns Scoto.
El siglo XIV se caracteriza por las múltiples rupturas: constantemente las diversas escuelas se arrojaron acusaciones de herejía, empleando para ello los más copiosos y re buscados, argumentos. Ni siquiera el Papa se libró de esta plaga: Juan XXII llegaría a ser acusado por sus adversarios de herejía. Antes lo había pretendido Felipe IV de Francia con Bonifacio VIII. La última querella entre Pontificado e Imperio será librada en el terreno de las ideas, porque todos los herejes y los averroístas se reunieron en torno a Luis de Baviera, lanzando por primera vez ataques feroces contra la persona y la figura del Papa. Tenemos que señalar el año 1328 como muy importante, ciertamente porque en él se produjo, por primera vez, la coronación laica de un emperador y porque Petrarca encontró a Laura de Noves e inició el proceso de su conversión. Ese mismo año, Guillermo de Ockham daba fin, sin él saberlo, a su producción científica.
Desde la conversión de Petrarca, que encontró en San Agustín el gran asidero para su propia salvación -llegar al amor de Dios con desprecio de sí mismo- hasta el asesinato politico de Tomás Moro, en 1535, los historiadores reconocen el desarrollo de un profundo movimiento, humanismo cristiano, alternativa al nominalismo y, en definitiva, al luteranismo y de ningún modo antecedente de él, como algunas veces se ha pretendido decir. La ruptura de Erasmo con Lutero fue ejemplar: no se produjo en el plano de rivalidades de escuela o de celos de maestros, por desgracia tan frecuentes, sino en la profundidad de los principios sin los cuales el hombre no es hombre: su libertad y su racionalidad. Erasmo no podía aceptar la negativa luterana de ambas condiciones sin traicionarse a sí mismo y a cuanto él había representado; como no podía tolerar que su anticlericalismo fuera interpretado como rebeldía a los fundamentos de la Iglesia.
Con algunas excepciones, los humanistas revelaron una profunda adhesión a la Iglesia, aunque no les gustasen muchas de las prácticas y vicios que se habían introducido. Creían en la necesidad de una reforma y confiaban en que su trabajo, incluso en los aspectos más concretos como el de la depuración de textos, ayudara a este objetivo. Usaban del latín, depurándolo, como de una lengua universal, que era precisamente la lengua de la Iglesia. Cuando Boccaccio da el salto de su conversión, abandona la lengua vulgar y se limita a escribir en latín. Ellos defendieron el principio social de la unidad, la cual se fundamentaba en la fe. Custodia de esta fe y de los principios morales que de ella dimanaban, era la Iglesia." (LUIS SUÁREZ FERNANDEZ, "Humanismo y Reforma Católica". Libros mc. Madrid. 1987, por. 7-8)
EN LA IMAGEN: Francesco Petrarca (1304-1374). Fue un poeta, erudito y humanista italiano. Es considerado:
-El padre del Humanismo renacentista
-Uno de los primeros en poner al hombre, su interioridad y sus sentimientos en el centro de la reflexión cultural.
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