LAS REFLEXIONES CONTRARREVOLUCIONARIAS DE JUAN MANUEL DE ROSAS

 "El formidable hombre de acción que fue Rosas en su patria, tornóse durante su largo ostracismo en meditabundo. Estudiaba, observaba en el sosiego de su retiro la evolución de la sociedad, exprimía el zumo de su experiencia para volcarlo en reflexiones...

   Rosas anotaba, en forma de máximas, sus pensamientos morales y así escribió, entre muchos otros diseminados en su correspondencia con Josefa Gómez, los siguientes (...):

   'El hombre verdaderamente libre es el que, exento de temores infundados y de deseos innecesarios, en cualquier país y en cualquiera condición en que se halle, está sujeto a los mandamientos de DIOS, al dictado de su conciencia y de una sana razón'...

   Y para explicar a su amiga Josefa Gómez por qué se dedica al estudio, a pesar de su vejez, le expresa:

     'Nunca es tarde para alcanzar a saber algo, o para hacer algo, o para hacer algo agradable a DIOS y a los hombres, si se cultiva el entendimiento. San Ignacio de Loyola comenzó a estudiar latín a los 43 años; y no fueron pocos los que pasaron esa edad hasta empezar los cimientos de su gloria...'

     La expansión de las ideas liberales y de la democracia, la inquietud del proletariado y la propaganda del socialismo; la indisciplina general, las consecuencias económicas de la gran industria mecánica, las luchas civiles en ambas Américas, las guerras europeas, la violenta acción imperialista de las poderosas monarquías, el positivismo y el materialismo que embestían contra la religión y la Iglesia, todo ese gran movimiento político, económico, científico y filosófico que fermentó después de 1850 conmoviendo a la sociedad, provocaba repulsión en el espíritu reaccionario y conservador de Rosas...

    Para conseguir la paz social y la armonía internacional, Rosas...propicia el establecimiento de una Liga de naciones Cristianas, del tipo de la Santa Alianza presidida por el Papa...

     Contempla la situación del Papa Pío IX, en el año 1860, cuya posición es 'alta y escarpada como el monte Sinaí' y divisa a su alrededor 'los fulgores que anuncian la tempestad'. 'Si el Papa ha de salvar a la Iglesia Católica, necesita dar unas cuantas sacudidas con la tiara a la polilla que la carcome'. Piensa que para salvar las dificultades que rodean a las monarquías se deben fortalecer los ejércitos, para que así pueda ser posible, sin desmedro del orden ni del principio de autoridad, 'conceder; pero no ceder'.

   Rosas no se avenía con esos tiempos nuevos, en que triunfaba la revolución y el liberalismo. Se veía envuelto y ahogado por esas ideas y tendencias contra las que había combatido toda su vida. Aborrecía a los extremistas, a los izquierdistas que reputaba delincuentes peligrosos para el orden social."

(CARLOS IBARGUREN, Juan Manuel de Rosas. Su vida. Su drama. Su tiempo.)






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