El siglo XVII significó para Inglaterra un momento de tensión profunda:
-Entre la Iglesia oficial establecida tras la Reforma, sobre todo por obra de Isabel I, y las sectas de raíz calvinista (puritanos, presbiterianos, congregacionalistas). Mencionemos además a las minorías que pretendían volver a la unidad con Roma.
-Entre el poder de los Estuardo, que aspiran a establecer una Monarquía fuerte, y la resistencia del Parlamento.
-Entre la alta nobleza y los sectores burgueses en ascenso.
Estas tensiones atraviesan el siglo y los dos momentos revolucionarios que por los que pasó la Isla: uno a mediados de siglo y otro hacia fines. La primera revolución terminó dominada por los sectores más radicalizados que terminaron estableciendo una República que duró lo que duró su líder: Oliverio Cromwell. La segunda, tras la Restauración de los Estuardos, la de 1688 -denominada “Gloriosa”- derribó al último de los Estuardo y afirmó el poder del Parlamento que se dividió entre dos partidos: el Whig -o partido del Parlamento-, y los Tories -el Partido de la Iglesia Anglicana (High Church) y del Rey-.
“El sistema… tal como había sido elaborado por la oligarquía inglesa, dominaba totalmente la elección de los miembros del Parlamento, de modo que la Cámara de los Comunes, la más importante por su número y su decisión política, estaba compuesta por la gentry de espíritu capitalista.
Hacia 1680 esta cámara aparecía dividida en dos facciones: los whigs (designación aplicada originariamente a insurgentes escoceses), formada por la gentry y la oligarquía en general de los tories… compuesta por representantes anglicanos y de los medios rurales tradicionales…
La mayoría de los ingleses, ya formados en el contexto de la doctrina protestante, no podía admitir que el rey hiciera prosélitos o tratara de reemplazar la Iglesia de Inglaterra por la obediencia romana. la burguesía era violentamente hostil al absolutismo y se ha escrito mucho para hacernos creer que lo era por su indómito amor a la libertad. Es indudable que es amor existía, pero se desplegaba con más fuerza cuando se trataba de la libertad de comercio. Reprochaba al rey su alianza con francia, concurrente comercial número uno y además perseguidor de los protestantes. Esta burguesía hizo escribir en el estandarte de la rebelión: ‘Por un libre Parlamente, para la religión protestante’.” (RUBÉN CALDERÓN BOUCHET, Las oligarquías financieras contra la Monarquía absoluta)
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