LA VOZ DE LAS MUJERES EN LA EDAD MEDIA

Para tener un panorama acabado del mundo en el que actuó una mujer como Catalina de Siena debemos referirnos a los nuevos movimientos religiosos que se dieron en Europa occidental a partir del siglo XIII. En las florecientes ciudades bajomedievales se desarrollaron las órdenes mendicantes, las terceras órdenes, y gran cantidad de nuevos movimientos laicales –muchos de ellos encausados en la ortodoxia, y otros que derivaron hacia posturas heréticas-. En su mayoría, estos grupos nacen con un fuerte ímpetu de reforma en el seno de la Iglesia, al mismo tiempo que presentan nuevas formas de espiritualidad y de expresión de lo religioso. En el interior de muchos de ellos van a adquirir un papel protagónico mujeres que se van a destacar por el carisma de la mística. “La voz de las mujeres no suena por primera vez en la historia, pero son nuevas en Occidente la fuerza y la centralidad con las que brota el discurso femenino acerca de la experiencia espiritual”. Las mujeres que comenzaron a sobresalir en estos años llegaron a tener una gran autoridad dentro de sus comunidades, de la sociedad y de la Iglesia: “Las acciones de una mujer ferviente, su abnegación y su devoción, le valían el respeto y el apoyo de los hombres de la Iglesia, sobre todo de los dirigentes de las nuevas órdenes, dominicos y franciscanos”. Los confesores y directores de conciencia, hombres admiradores de aquellas mujeres, pasaron de ser “padres” a ser discípulos. En nuestro caso, Raimundo de Capua, que fue asignado por la Orden dominica como director, al mismo tiempo que control del carisma de Catalina, se terminó convirtiendo en “hijo” de la que él llamaba su “mamma”.

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