EL MOVIMIENTO CISTERCIENSE Y LA DEVOCIÓN A LA VIRGEN

Un representante del movimiento cisterciense fue San Amadeo de Lausana (c. 1110–1159). Amadeo además de monje cisterciense fue obispo. 
   Nació hacia 1110, probablemente en la región de Dauphiné. Pertenecía a una familia noble y recibió una educación cuidada. Siendo joven ingresó en la abadía de Hautecombe, en Saboya, vinculada a la reforma cisterciense. Posteriormente fue elegido abad de Hautecombe y, en 1144, obispo de Lausana, cargo que desempeñó hasta su muerte en 1159.

LA DEVOCIÓN MARIANA 
Amadeo es especialmente conocido por sus ocho homilías sobre la Virgen María, conocidas como "Homiliae mariales". Constituyen uno de los testimonios más bellos de la mariología cisterciense medieval. En ellas contempla a María fundamentalmente como:

-Madre de Dios y Madre de los cristianos.
Nueva Eva, en contraste con Eva y su desobediencia.
-Virgen y Madre, cuya maternidad está íntimamente ligada al misterio de la Encarnación.
-Figura asociada a la Iglesia, especialmente en su dimensión maternal.

Su lenguaje tiene una fuerte impronta bíblica y litúrgica, y muestra la característica sensibilidad cisterciense hacia la humanidad de Cristo y hacia la Virgen como camino contemplativo hacia Él.

RELACIÓN DE AMADEO CON SAN BERNARDO 
Amadeo pertenece a la generación inmediatamente posterior a San Bernardo de Claraval y recibió una influencia importante de la espiritualidad bernardina. Su pensamiento mariano comparte con Bernardo la contemplación afectiva de Cristo y de María, aunque Amadeo desarrolla especialmente el simbolismo de María como Madre y mediadora de la vida espiritual.
Además, como obispo tuvo que afrontar cuestiones pastorales y disciplinarias en una época de fuerte renovación de la Iglesia.
   Murió en 1159, en Lausana. Su culto se difundió especialmente en ambientes cistercienses. Su fiesta litúrgica se celebra tradicionalmente el 28 de enero.

Dejamos a continuación un texto de San Amadeo:

"Observa cuán adecuadamente brilló por toda la tierra, ya antes de la asunción, el admirable nombre de María y se difundió por todas partes su ilustre fama, antes de que fuera ensalzada su majestad sobre los cielos. Convenía en efecto, que la Madre virgen, por el honor debido a su Hijo, reinase primero en la tierra y, así, penetrara luego gloriosa en el cielo; convenía que fuera engrandecida aquí abajo, para penetrar luego, llena de santidad, en las mansiones celestiales, yendo de virtud en virtud y de gloria en gloria por obra del Espíritu del Señor."

EN LAS IMÁGENES: un icono de San Amadeo de Lausana y el mosaico del ábside de la basílica romana de Santa María la Mayor en el que aparece Cristo coronando como Reina a María

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