La iglesia de San Vital de Rávena es uno de los templos más importantes del arte bizantino, y como otros de la misma ciudad se reformó por deseo expreso del emperador Justiniano a partir de construcciones anteriores.
Este templo se comienza a construir en el año 527, cuando Rávena aún pertenecía a los ostrogodos, más tarde tras la conquista bizantina, se decidió que sería el templo oficial para el gobernador de la región occidental del imperio, el llamado Exarcado de Rávena.
En 540, el general bizantino Belisario, enviado por el emperador Justiniano, conquistó Rávena. Por tanto, cuando San Vital se terminó, la ciudad había pasado a formar parte nuevamente del Imperio romano, aunque ahora bajo el emperador de Constantinopla.
Y ahí está una de las razones fundamentales de su monumentalidad:
San Vital debía expresar visualmente la reintegración de Rávena en el mundo romano-bizantino. Rávena había sido capital del Imperio romano de Occidente y ahora se convertía en una de las grandes ciudades del Imperio romano de Oriente en Italia. La UNESCO considera precisamente a San Vital una de las máximas creaciones de la arquitectura bizantina en Italia.
Todo el edificio fue diseñado respetando los elementos de la tradición litúrgica antigua.
La decoración de esta iglesia se basa principalmente en mosaicos que muestran escenas, tanto del Viejo como del Nuevo Testamento, en los que el mensaje principal es el de Dios salvando a los hombres por medio de la eucaristía.
En el ábside aparece una gran composición, en cuyo centro se encuentra Jesús, representado joven e imberbe, sentado sobre una gran esfera azul y vestido con la púrpura imperial. Flanqueando su figura se encuentran dos arcángeles, que le presentan a San Vital y al obispo Ecclesio, ambos identificados por las inscripciones que aparecen sobre su cabeza. San Vital aparece recibiendo de Jesús una corona, mientras que el obispo Ecclesio se muestra presentando un modelo de esta iglesia a Jesús. La escena se desarrolla en un jardín y el cielo aparece dorado con nubes de color rojo y azul.
Los mosaicos imperiales aparecen situados en la parte baja de los muros laterales del ábside. A la izquierda, Justiniano y a la derecha Teodora. Los cuerpos de estos personajes hacen juego con un fondo verde y dorado, contrastando con el color púrpura de su ropa, Justiniano aparece rodeado de una serie de personas que fueron importantes para la construcción de la iglesia. A su izquierda Maximiano, con la inscripción de su nombre sobre él, sostiene una cruz de piedras preciosas, como símbolo de su dignidad episcopal. Y a la derecha de Maximiano aparecen dos representantes del clero portando los objetos propios de la celebración eucarística. A la izquierda del emperador podemos ver dos magistrados anónimos vestidos de blanco, con túnicas propias de funcionarios políticos. Y por último cerrando el cortejo, una multitud de soldados, uno de ellos aparece sosteniendo un escudo verde con la imagen del Crismón, símbolo de los ejércitos del imperio.
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