INSTITUCIONES FUNDAMENTALES Y FUNDADORAS DE NUESTRA NACIONALIDAD

     Analizaremos, a continuación, las Instituciones sobre las que se fundó nuestra Patria.

1- Los Cabildos: Esta institución era un organismo colegiado encargado del Gobierno y la Justicia de cada Ciudad. Sus miembros eran elegidos entre los Vecinos de la misma, y se dividían en Alcaldes y Regidores. Los Cabildos indianos gozaron de un gran nivel de autonomía durante los siglos XVI y XVII. Según algunos autores, esta autonomía es una de las raíces, si bien no la única, de nuestro sistema federal; ya que las provincias que en el siglo XIX reclamaron su autonomía frente al centralismo se constituyeron en torno de las ciudades fundadas durante el proceso colonizador, las cuales contaban cada una con su Cabildo. Dichas ciudades pasaron a ser capitales de las provincias correspondientes.              

2- Congregaciones, Terceras Órdenes y Cofradías: Ya nos hemos referido a la importancia de las Órdenes religiosas –Franciscanos, Dominicos, Jesuitas, Mercedarios, Agustinos, etc.- en el proceso evangelizador del continente americano. Su papel fundamental no se limitó al trabajo apostólico entre los indios, sino que cada ciudad contaban con los templos y los conventos, acompañados de los respectivos colegios, de cada una de las Congregaciones. Éstas desempeñaban un rol fundamental, también entre la población blanca, a través de la oración –que ayudaba a sostener el edificio social, a través de la intercesión ante la Divinidad-, la asistencia religiosa a los pobladores de las ciudades, y una importantísima labor cultural, educativa y asistencial. También estaban a cargo de distintos hospitales: para blancos, para indios, para clérigos, etc. Algunos visitantes extranjeros cuando tuvieron que describir las características de las ciudades indianas destacaron cómo sobresalían en ellas las torres y campanarios de sus iglesias. Desde este punto de vista, se puede afirmar que la historia de Hispanoamérica es una continuación en el Nuevo Mundo de la Civilización Medieval.

     La población laica también se integraba a la vida social y religiosa de las diversas Congregaciones a través de las Terceras Órdenes. Otra forma de socialización, que integraba a las personas a la vida civil y religiosa, eran las Cofradías.  

3- Colegios y Universidades: Profundamente relacionados con la acción de las distintas Órdenes se encontraban los Colegios y Universidades, que fueron creados a lo largo de todo el territorio hispanoamericano. Estas instituciones educativas tendían a la formación humanística de sus estudiantes, a través de la enseñanza de la Filosofía, la Teología y el Derecho. La cosmovisión respondía aún al universo simbólico propio de la Cristiandad, que concebía al mundo como u todo ordenado, reflejo de un Plan trazado por la Mente Divina, al cual la inteligencia humana contemplaba absorta y admirada. La búsqueda de la Verdad, impresa en ese todo ordenado, que trasluce la Majestad del Creador; y la práctica del Bien, a través del ejercicio de las Virtudes; así como la admiración de la Belleza, impresa en el orden creado –y expresada a través de las manifestaciones artísticas, sobre todo de estilo Barroco-; era el fin de todo el sistema educativo. Aún no se había impuesto en estas tierras la concepción anglosajona nacida en el siglo XVII, y cuyos máximos representantes fueron Descartes y Newton, que concebía al mundo como una “gran máquina a dominar” a través del desarrollo de las Ciencias experimentales –Física y Química-, las cuales se expresan a través del lenguaje de las matemáticas. En la primera concepción, propia de la Cristiandad, que concebía al hombre como un ser abierto a la contemplación, el centro de la vida social era ocupado por el monje y el fraile[1]. En el contexto cultural nacido en el siglo XVII el “prototipo” era el burgués, hombre práctico y de negocios.

4- Hospitales: También a cargo de los religiosos se encontraban los Hospitales, que tenían a su cargo la asistencia no solo de aquellos que carecían de salud, sino también de  vivienda y asistencia.

5- Encomiendas, Reducciones y Misiones: Desde los orígenes de la Conquista tanto la Iglesia como la Corona se plantearon el problema de la evangelización del indio al mismo tiempo que el de la integración del mismo a la vida política y social del mundo hispánico. De este modo fueron surgiendo distintos ensayos. Los primeros fueron las Encomiendas, que ponían a un grupo de indios a cargo de un español que debía controlar el trabajo y la instrucción religiosa –a través del sostenimiento de un sacerdote doctrinero-. Este sistema, en algunos casos dio lugar a abusos por parte de algunos encomenderos (españoles a cargo), quienes además contaban con una gran independencia con respecto a la Corona Española; por estos motivos se ensayaron otras alternativas, muchas veces influenciadas por las concepciones utópicas, de gran difusión en la Europa de los siglos XVI y XVII –sobre todo a partir de la obra de Tomás Moro-. Entre estos ensayos se encuentran los Pueblos-Hospitales de Vasco de Quiroga en México. Finalmente se crearon las Reducciones, pueblos exclusivos de indios, muchas veces fundados sobre poblaciones prehispánicas anteriores, que se organizaron políticamente a través de un Cabildo Indiano, y que contaban con la presencia evangelizadora de los religiosos[2] El pueblo era controlado por un funcionario español llamado Corregidor. Las Reducciones más famosas fueron las Misiones creadas por los Jesuitas en los actuales territorios de Corrientes, Misiones, Paraguay y Sur de Brasil, las cuales contaron con un gran desarrollo político, económico, técnico, humano y religioso; y que sirvieron, también, de defensa en la frontera con los portugueses.

6- Instituciones de Gobierno: Llamaremos a las siguientes instituciones de gobierno, y no políticas, porque de algún modo toda institución integrada a la vida de un pueblo es una institución política –ya que incorpora a sus miembros a la vida de la Polis-. La más importante institución de Gobierno eran los Virreinatos, a cargo de un Virrey, que representaba directamente al Rey en el Nuevo Mundo. Durante los siglos XVI y XVII existieron dos Virreinatos en la América Española: el de México y el del Perú (nuestro actual territorio dependía de este último).

   Los Virreinatos, a su vez, se hallaban subdivididos en Gobernaciones. EL territorio actual de la República Argentina estaba conformado por dos Gobernaciones: la del Tucumán y la del Río de la Plata.

   Por encima de todas estas Instituciones, y como vértice y cabeza de todo el mundo hispánico, se encontraba el Monarca, Supremo Ordenador, responsable de ordenar en Justicia el Todo Social. Su figura tenía un carácter icónico, ya que su persona representaba a la Justicia misma que se debía establecer en el Cuerpo Político. Sin embargo, durante el reinado de los Austrias –siglos XVI y XVII- todavía no tenía el carácter absoluto que adquirirá en las naciones protestantes, y en todo el mundo europeo no español a lo largo de los siglos XVII y XVIII. El Rey era el Supremo “Hacedor” de la Justicia, pero por encima de él se encontraban las Leyes del Reino, las Leyes de la Iglesia y las Leyes Divinas. Esta concepción quedó perfectamente reflejada en aquellos versos hispánicos que decían:

 

“Al Rey la Hacienda y la Vida se han de dar,

Pero  la Honra es patrimonio del Alma,

y el Alma sólo es de Dios”.

 

   Para comprender el significado que tenía la figura regia reproduciremos parte del Testamento del Rey Felipe II a su hijo y heredero:

   “Si queréis ser buen príncipe habéis de ser buen cristiano, pues el único camino para bien reinar es la virtud. Como rey cristiano habéis de oír misa todos los días (…) Habéis asimismo de frecuentar los sacramentos de la penitencia y la eucaristía, al menos una vez a la semana (…) Debéis también (…) recogeros en la meditación dos horas cada día y hacer examen de conciencia todas las noches. Os insisto en que vuestro primer deber será defender nuestra religión sagrada, aunque perdáis el trono (…)

   La Monarquía no es de origen divino sino humano, y existe en los pueblos el derecho de acabar con el tirano. El carácter de los reyes y su corona la establecieron, la dieron y dan los hombres (…) El rey es el primer servidor del reino. El ser rey; si ha de ser como se debe, no es otra cosa que una esclavitud (…) Por tanto debe buscar la perfección en todo, y principalmente en la justicia, de tal manera que el malo le experimente terrible y el bueno generoso (…)

   Como rey deberás siempre recibir a tus vasallos, para que libremente te expongan sus quejas (…) La recta justicia pide que todo súbdito sea oído, ya agraviado, ya acusado, ya rico, ya pobre (…)

   Jamás llegues a confirmar la condenación a muerte de cualquier hombre sino de mala gana y contra tu voluntad, y forzada por el miramiento de la justicia y buena disposición de las leyes.”[3]

 

Para ejemplificar todo lo dicho reproduciremos la descripción que hace un fraile mercedario, recién llegado a Lima en el 1600, y que nos muestra el desarrollo social e institucional de dicha ciudad en ese momento:

     “En esta ciudad asiste de continuo al Virrey, los oidores y la Audiencia real, el arzobispo con su cabildo, porque esta iglesia de Lima es la metrópoli (…) Hay universidad, con muchos doctores que la ilustran mucho, con las mismas constituciones de Salamanca. Hay cátedras de todas las ciencias (…) Los conventos, donde también en se leen artes y teología y cada semana hay conclusiones (…) que son muchos y muy buenos, con muy curiosas iglesias. En particular la de Santo Domingo, hay doscientos frailes; en San Francisco hay más de doscientos (…); en la Compañía de Jesús, mucha riqueza y curiosidad de reliquias, muchos religiosos y muy doctos (…) Conventos de monjas de lindas voces, mucha música y muy diestras (…) Fuera de la ciudad hay casas de frailes descalzos, y hay en ellas santísimos hombres (…) donde acude mucha gente a consolarse con la conversación de aquellos religiosos (…)  Hay en esta ciudad cuatro colegios muy principales que ilustran mucho a la ciudad (…) Hay hospitales para españoles y para indios, muy buenos y bien proveídos, con muchas rentas, como el hospital de San Andrés, que es de los españoles, y el de santa Ana, que es de los indios, y el hospital de San Pedro, que es para curar a los clérigos pobres. Hay otro fuera de la ciudad (…) el de san Lázaro, donde se curan llagas; y a todos estos se acude con mucha limosna (…) Hay cofradías en todos los conventos, y todos hacen sus fiestas y con mucha abundancia de cera que gastan; (…) y arrojan cohetes y hacen muchas invenciones de fuegos.” 

 

Iraburu, J. Hechos de los apóstoles de América

 

Biografia de Felipe II

[1] El papel del monje y del religioso en las sociedades tradicionales queda perfectamente ejemplificado en aquellos versos de Fray Luis de León, que dicen: “Que descansada vida la del que huye del mundanal ruido, y sigue la escondida senda por donde han ido los pocos sabios que en el mundo han sido”.

[2] Reducciones  fueron, en su origen, los actúales poblados de Baradero o de San Pedro, a cargo de religiosos franciscanos.

[3] de la Cierva, Ricardo. Yo, Felipe II.


Comentarios