DE LA ARGENTINA NACIONAL A LA ARGENTINA LIBERAL

 La caída de Juan Manuel de Rosas en 1852 significó el fin de la Argentina tradicional, la Argentina fiel a sus dos tradiciones: la hispánica, heredada de la Madre Patria, puesta en discusión durante la Guerra de Independencia, y recuperada en tiempos del Restaurador; y la de la gesta independentista. En efecto, la Argentina es hija de la colonización y evangelización española -muestra de esto son las iglesias, conventos, ciudades, colegios, Universidades, que nuestros padres fecundaron estos suelos-, y también es hija de los hombres que lucharon por crear una nación independiente en estas tierras. Quien comprendió que la fidelidad a ese doble legado era esencial para conservar nuestro auténtico ser fue, justamente, don Juan Manuel, y por eso durante su Gobierno se cuidó y preservó nuestra tradición hispanocatólica, y se enfrentó el desafío de las dos superpotencias de la época que procuraban sacar beneficios de nuestra nación. El fin del Gobierno del Restaurador significó el progresivo alejamiento de aquella gloriosa tradición.

     Caído Rosas, los antiguos unitarios y los miembros de la generación romántica, imbuidos de las ideas del Liberalismo, se entregaron a la tarea de constituir una nueva nación sobre dichos principios. Allí nace justamente el mito de “Mayo-Caseros”. Habrá que crear una “nueva Argentina”, para lo cual se reescribirá su  historia. Los primeros que van a llevar a cabo esta “reescritura” son Vicente Fidel López y Bartolomé Mitre. Nos dice al respecto Enrique Díaz Araujo:

     “Vicente Fidel López...y Bartolomé Mitre...iniciaron la tesis que podríamos denominar de la ‘Emancipación’. En tal voz involucraron diversas cuestiones, tales como el ‘despotismo’ hispano frente al ‘criollismo oprimido’, la del ‘pueblo soberano’, y, sobre todo, la noción de una revolución ideológico-moral que se habría gestado desde mucho tiempo atrás, y acelerado por el influjo decisivo de la Revolución Norteamericana y de la Revolución Francesa…” (Mayo Revisado. Tomo I, p.19)





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