LA PARÍS DE LA BELLE ÉPOQUE

A mediados del siglo XIX, París tenía en pie sus calles medievales, pintorescas pero estrechas, y el centro de la ciudad sufría de hacinamiento y falta de agua. Decidido a poner fin a la propagación de la peste del cólera y a las revoluciones que favorecía el trazado urbano, en 1852 Napoleón III completó un moderno proyecto urbanístico que dio por resultado la París actual. Dividió los barrios, reglamentó las características que debían tener las fachadas, organizó los espacios verdes, construyó teatros y mercados, y abasteció de agua a los barrios del centro. Avenidas y bulevares, estaciones ferroviarias y puentes que atravesaban el Sena se transformaron en el signo de la vida moderna parisiense, que los impresionistas pintaron a partir de un estudio profundo de la luz y de la atmósfera.

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