BERNARDO: EL HOMBRE DEL SIGLO XII

La figura de Bernardo de Claraval está unida quizás más que ninguna otra del siglo XII a la historia de la Cruzada, como uno de los tantos hechos políticos en los que él tuvo una participación destacada durante su vida, que fue por lo demás bastante agitada para lo que podía esperarse de un monje cisterciense de la época. 
   De su vinculación con la Cruzada, son especialmente recordadas su participación con motivo de la fundación de la Orden del Templo, y su prédica de la Segunda Cruzada. Bastante menos citado en cambio es su intento de justificación, o explicación del fracaso, por demás evidente de esa Segunda Cruzada en cuya génesis y conformación el abad de Claraval había tenido un papel más destacado que nadie, incluso que el Pontífice, por aquel entonces Eugenio III. Esta justificación es redactada como una digresión al comienzo del Libro II de su tratado 'De Consideratione ad Eugenium Papam'...
   Considerado por muchos autores como un verdadero testamento espiritual de Bernardo, De Consideratione está por supuesto dedicado al papa Eugenio, y en cierto sentido constituye una suerte de "espejo de los Papas", al estilo de los "espejos de los Príncipes", frecuentes en la época. Vacandard, biógrafo del abad de Claraval, lo describe como una "guía para un examen de conciencia del Papa". El autor reflexiona en esta obra sobre la autoridad, obligaciones y características del "oficio" de Pontífice, en un estilo exhortatorio, muy frecuente por lo demás en sus escritos, y que ya anticipa a su destinatario en los primeros párrafos de la obra.
   Bernardo comienza a componer esta obra en 1149 (aproximadamente a los cincuenta y nueve años de edad), y la concluye en 1152, un año antes de su muerte, según los cálculos de Vacandard. El libro II, que se inicia con la Apología en cuestión, dataría aproximadamente de 1150.
   El estilo entre respetuoso y paternal debe ser situado en su contexto; el por entonces ocupante del trono de Pedro había sido discípulo de Bernardo, monje en su monasterio de Claraval, de donde había salido para ser designado abad de Tre Fontane en Roma en 1140, siendo posteriormente electo papa en 1145, y muriendo en 1153, un mes antes que su antiguo maestro.
   La obra refiere ampliamente tanto a la vida activa como a la contemplativa que debía llevar el pontífice, y fue muy apreciada en medios monásticos y eclesiásticos en general. Debido quizás a sus duras críticas a la burocracia de la Curia pontificia, fue muy citada incluso por adversarios posteriores del poder pontificio, incluso durante la Reforma.
   En ella son casi omnipresentes las citas y referencias bíblicas, comunes por una parte en un exponente de la intelectualidad monástica de esa época como Bernardo, pero además especialmente características de éste, famoso por su erudición y habilidad en la utilización retórica de argumentos y pasajes extraídos de las Sagradas Escrituras. Tanto fue su prestigio en este sentido, que es citado como modelo a seguir en tratados de Ars praedicandi posteriores, como el de Robert de Basevorn, compuesto a comienzos del siglo XIV.
   Sobre el estilo de Bernardo, este tratadista considera que no sigue un método predicatorio específico, sino que se basa fundamentalmente en la cita confirmadora de autoridades de las Escrituras, y admira en su obra su "colorido retórico", que mueve a las lágrimas y a la devoción a aquellos que "comprenden más con los sentimientos" que con el intelecto. Estas reflexiones sobre el estilo bernardiano pueden a nuestro juicio aplicarse perfectamente a De Consideratione.
   En lo que respecta a su estructura, el tratado se divide en cinco partes o libros, precedidas de un prólogo con señales de afecto y reverencia hacia el Papa, así como de reservas oratorias. El libro I es una amplia introducción al resto del tratado. El libro II diserta sobre la diferencia entre consideración y contemplación, refiriéndose a cuatro realidades diferentes: el papa en sí, lo que está debajo de él, lo que está alrededor de él y lo que está por encima, deteniéndose en la primera de esas realidades. En el libro III trata de la segunda, en el libro IV de la tercera, y en el libro V de la cuarta y última.

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